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ACTUALIDAD

27 de abril de 2021

El consumo de vino se recuperó más del 6% en 2020

El escenario actual plantea para los productores y las bodegas nuevos desafíos que implican afianzar la producción sustentable y generar buscar nuevas formas de comercialización.

El consumo de vino en el mercado interno mostró una recuperación de 6,58% en 2020, con el consumo de 942.797.100 litros

Según el Observatorio Vitivinícola Argentino, esa recuperación obedeció a la mayor presencia de las familias en sus respectivas casas, producto de las restricciones impuestas por la pandemia.

Esa situación generó la pérdida forzada de ciertas rutinas que hicieron de los hogares un espacio multifuncional: un poco hotel, un poco esparcimiento y restaurant, un lugar de encuentro que propicio el consumo de vino en familia.

El canal off trade compensó la reducción de ventas por en canal on trade (restaurantes y hoteles y catering).

En cuanto a envase, la botella fue el envase que más se vendió durante el atípico 2020, creciendo un 12,5% respecto de 2019, que alcanzó a casi el 60% de las ventas del mercado doméstico.

También se destacó el crecimiento de las ventas en línea, estimando un incremento de este canal de ventas en los últimos 10 años de más del 50%.

En 2020 la centa de vinos en botella crecieron más del 60%.

Hoy casi todas las bodegas tienen su sitio de ventas con promociones y descuentos y llegada puerta a puerta del consumidor.

Perspectivas 2021

Para las perspectivas 2021, se estima que se mantendrá la tendencia en el consumo interno, porque el consumo interno se viene renovando y la oferta también.

La elaboración de vinos con uvas emblemáticas de la región es una tendencia en crecimiento. Si bien la uva malbec sigue liderando el podio (con casi 44.400 has. que representan casi un 21% de la superficie), las uvas criollas abarcan casi 1/3 de la superficie cultivada argentina, sumando entre las principales, una superficie de casi 68.000 hectáreas (32% del total).

El consumidor de vinos siente curiosidad por tomar vinos con impronta local, vinos “criollos”. Este factor permite un oportunidad sustentable de la oferta actual de uva, a partir de los recursos existentes y utilizando creatividad e innovación a la hora de elaborar nuevos vinos y productos.

Frente a este nuevo escenario las bodegas deberán prestar atención a los nuevos hábitos post pandemia.

Si el consumo de vino se logró recuperar, deberán pensar en fortalecer estos nuevos canales de llegada del vino a los hogares.

Cada bodega incorpora en su sitio web el sistema de despechos  puerta a puerta. Y las ofertas o promociones siguen a la orden del día.

Entre las recomendaciones se sugiere mantener las inversiones en mejoras de la producción.

La posibilidad de poder descorchar un vino en sitios gastronómicos también abre la posibilidad de que el consumidor elija qué vino consumir, cuándo y con quién.

Entre las recomendaciones se sugiere mantener las inversiones en mejoras de la producción con planes de sustentabilidad y calidad de producto, ya que el consumidor (sobre todo a nivel mundial) cada vez mira más qué vino consume, sus orígenes, si se elabora con estándares sustentables y de calidad.

La tendencia de vino sin o bajo alcohol viene creciendo y aumenta la diversificación de productos a base de uva.

La mirada hacia afuera con un contexto mundial favorecido por el tipo de cambio, el aumento de consumo de vino en otras partes del mundo (movido también por el efecto pandemia) y la situación de los países competidores, puede favorecer el intercambio internacional de nuestros vinos.

Pensar en nuevos vinos, como los “criollos” también aumenta el espectro de oferta y va tentando a nuevos consumidores y recuperando algunos con ganas de consumir nuevas experiencias y vinos locales

Pensar que el enoturismo pueda sostenerse con el público interno provincial, invita a quienes tienen oferta gastronómica y de hospedaje a pensar en este público objetivo.

Un público diverso, que va desde parejas jóvenes, familias, grupo de amigos, que quieran aprovechar y conocer o seguir conociendo localmente bodegas o experiencias vitivinícolas.

El desafío puede llegar a ser cómo la industria puede articular con las comunidades locales, el desarrollo de experiencias asociadas al consumo del vino y derivados.

En un contexto cada vez más “VICA” (volátil, incierto, cambiante y ambiguo) tanto los consumidores como los productores buscarán adaptar su consumo y su oferta

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