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COLUMNA DE OPINION Y ACTUALIDAD

18 de agosto de 2021

Picada de noticias por Hernán Andrés Kruse

¿Será la gota que rebalsó el vaso?
Es lo que todos los analistas de la opinión pública seguramente se deben estar preguntando en estos momentos. Quien es gorila?

Cristina ¿es gorila?

Hace unos días el polémico dirigente sindical Luis Barrionuevo sostuvo que la presidenta de la nación era “gorila”, es decir, antiperonista. De Cristina se dijeron muchas cosas pero nunca que esta situada políticamente en la misma vereda que, por ejemplo, el almirante Isaac Francisco Rojas y el general Pedro Eugenio Aramburu, líderes de la Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955. Históricamente, “gorilismo” fue sinónimo de “antiperonismo”., el antiperonismo fue la jacobina reacción de aquellos sectores del pueblo que no soportaban a la diarquía gobernante-Perón y Evita-. El antiperonismo se expandió fundamentalmente en los sectores más altos de la estratificación social, en sectores de las fuerzas armadas, en la prensa tradicionalmente conservadora y en la universidad. Concebía a Perón como una desgracia divina, una patología que había que extirpar del cuerpo social argentino, una monstruosidad que amenazaba los derechos y garantías individuales. El antiperonismo alcanzó su máxima virulencia en 1955 a raíz del ataque de Perón a la Iglesia. La tradicional celebración de “Corpus Christi” en junio de ese año se transformó en una impresionante demostración de fuerza del antiperonismo. En esos días comandos navales cometieron la atrocidad de bombardear civiles inocentes en la Plaza de Mayo, lo que provocó la reacción incontrolable de Perón. El país se dividió irremediablemente. Las sedes del Jockey Club y del socialismo (entre otras) sufrieron agresiones, y la propia Catedral fue víctima de ataques arteros. En agosto Perón pronunció uno de los discursos más violentos de la historia y el golpe fue inevitable. Se produjo el 16 de septiembre y al poco tiempo asumió el general Lonardi, ante una enfervorizada multitud que copó la Plaza de Mayo. Fue entonces cuando comenzó a popularizarse el término “gorila” para referirse a los antiperonistas.

Aramburu y Rojas fueron el símbolo del gorilismo. Incapaces de comprender el fenómeno peronista, llegaron a la conclusión de que únicamente prohibiendo todo lo que “oliera” a peronismo el país podría salir del atolladero. Frondizi fue presidente simplemente porque el peronismo estaba proscripto. Pero como fue bastante tibio con el propio Perón y sus seguidores, no logró conseguir el apoyo de unas fuerzas armadas copadas por el gorilismo. Por ese motivo fue derrocado en marzo de 1962. A partir de entonces y hasta 1973, el gorilismo detentó el poder en la Argentina. Cuando Lanusse se hizo cargo del poder en 1971, llegó a la conclusión de que el gorilismo no hacía más que estrellarse contra la pared. En marzo de 1973 las elecciones presidenciales consagraron a Cámpora como nuevo presidente constitucional. Al poco tiempo Perón lo reemplazó y, luego de haber sido abrumadoramente elegido en septiembre de aquel año, se rodeó de la derecha peronista para gobernar. En los actos que encabezó en la Plaza de Mayo a partir de entonces, la juventud peronista lo acusaba de estar rodeado de “gorilas”, en alusión, entre otros, a Isabel y al temible José López Rega. Vale decir que en ese momento la juventud peronista le agregó otro sentido al término “gorilismo”. Ya no aludía exclusivamente a los antiperonistas viscerales sino también a aquellos peronistas que con comulgaban con la ideología de la izquierda peronista. El 1 de julio de 1974 se produjo el fallecimiento de Perón. Desapreció el enemigo del antiperonismo tradicional. A mi entender, al morir Perón, murió el antiperonismo clásico. Al no existir más la figura más odiada, carecía de sentido seguir manifestando ese sentimiento tan nocivo que en la década del cincuenta llevó a alguien a escribir en algunas paredes de buenos aires “viva el cáncer”. Mientras tanto, los otros “gorilas”, los peronistas de derecha, se trenzaron en una lucha a muerte con la izquierda peronista.

Con el tiempo, el término “gorila” entró en el olvido hasta que en 1983, con el retorno a la democracia, fue reflotado por los peronistas para referirse a Raúl Alfonsín, candidato presidencial del radicalismo. Las elecciones presidenciales de aquel año estuvieron marcadas por un fuerte antagonismo peronismo-antiperonismo, que hizo recordar a muchos argentinos lo acontecido en el país en la primera época de Perón. Durante la traumática presidencia de Alfonsín el término “gorila” fue paulatinamente cayendo nuevamente en el olvido y, a partir de la primera presidencia de Menem, pasó a formar parte del contenido del baúl de la historia. Hasta que reapareció durante el kirchnerismo, especialmente a partir de la asunción presidencial de Cristina en diciembre de 2007. La embestida del poder agropecuario contra su gobierno hizo reflotar en ciertos sectores adictos a la presidencia el término “gorila”, que fue utilizado para caracterizar a los furiosos antikirchneristas del campo y de las grandes ciudades. Ser “grila2 en 2012 pasó a significar lo mismo que en los cincuenta del siglo pasado: ser antiperonista, con la única diferencia de que en los lejanos cincuenta estaba Perón y ahora está Cristina.

Con Luis Barrionuevo el término “gorila” adquirió un nuevo sentido. Para el líder de los gastronómicos una presidenta de izquierda como la presidenta es “gorila” porque critica a los dirigentes gremiales tradicionales, enrolados en la derecha peronista. En consecuencia, para Barrionuevo son “gorilas”, entre otros, Agustín Rossi, Carlos Kunkel, Horacio Verbitsky y el fallecido Néstor Kirchner. Según la doctrina “barrionuevista” del peronismo, los montoneros fueron “gorilas”, al igual que los tradicionales “gorilas” antiperonistas. Vale decir que es factible distinguir tres tipos de “gorilismo”: a) el gorilismo tradicional, el que surgió por afuera del peronismo en los momentos previos a la Revolución Libertadora; b) el gorilismo de la derecha peronista en los setenta, según acusaba la izquierda peronista; y c) el gorilismo del cristinismo (peronismo de izquierda), según acusa Luis Barrionuevo. En los setenta, el peronismo de izquierdas acusó al peronismo de derecha de ser “gorila”, es decir, antiperonista. En el 2012, Barrionuevo acaba de acusar a Cristina de ser “gorila”, es decir, antiperonista. El peronismo de izquierda utilizó el término “gorila” para acusar al peronismo de derecha de haber traicionado a Perón. Luis Barrionuevo acaba d emplear la palabra “gorila” para acusar a Cristina de haber traicionado a Perón.

¿Quién es, en definitiva, auténticamente “gorila”? A mi entender, únicamente fueron auténticos “gorilas” los furiosos antiperonistas mientras Perón estuvo con vida, aquellos que nada tuvieron que ver con el peronismo y procuraron por todos los medios hacerlo desaparecer de la faz de la tierra. Perón se llevó el antiperonismo puro a la tumba. En consecuencia, ni los peronistas de derecha fueron “gorilas”, como acusó la izquierda peronista en los setenta, ni Cristina es “gorila”, como acusa ahora un símbolo del peronismo de derecha. Queda por demás evidente que lo único que busca Barrionuevo es embarrar la cancha, valiéndose de un término que sirvió para caracterizar la visceral animadversión que le profesaba a Perón un importante sector del pueblo. Ojalá que la palabra “gorila” deje de ser manipulada políticamente y sirva exclusivamente como fiel testimonio de una época donde la tolerancia, el respeto mutuo y la paz social, estuvieron ausentes.

(*) Artículo publicado en Redacción Popular el 24/5/012

Hernán Andrés Kru

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